melancolía.
(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία).
1. f. Tristeza
vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que
hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.
El malévolo Tristán, así como en la
misma Melancolía de Lars, es el soundtrack mental de estos últimos días. Sin
embargo, a diferencia de esa odisea postmodernista de Justine y Claire, esto se
trata de un impacto moral contra mí misma; hacer o no hacer, huir o pasmarme.
La palabra ‘melancolía’ siempre me pareció
sumamente hermosa, a lo Terry Pratchett: hermosa para ver desde la distancia;
hermosa pero increíblemente poderosa. El sentimiento, por el contrario, resulta
bastante agotador; la mejor manera que se me ocurre para describirlo es con un
recuerdo; la sensación que producían las miradas de condescendencia en la nuca,
como si algo en mi hubiese muerto y todos sintieran lastima por mí, todos, hasta yo.
Pero con el tiempo, ésta mal llamada
enfermedad psicosomática se vuelve más llevadera; se forma una burbuja
alrededor de ti, deja de importarte demasiado el exterior; la herida forma una
costra. Pero cuando esa costra no termina de sanar, no termina de caer por su
cuenta, se aferra tanto a ti que no puedes dejarla ir.
Alguien me dijo una vez, que la vida
se trata de momentos decisivos que de alguna manera van desfragmentando la
esencia de uno mismo. Últimamente, con esa frase en mente, he pensado que
existen ocasiones en las cuales estas experiencias logran infestar de tal
manera el espíritu, que ese ‘fragmento’ levemente se desprende, y perdemos algo
de nuestra humanidad.